Psicoanálisis
Mi doctor me dice que siempre necesito ser el centro de atención. Si tengo que inventarme una enfermedad para que la gente me haga caso, me la invento. Incluso al escribir esto debo estar pecando de esa egolatría malsana. Dar pena para mí no significa debilidad, únicamente estoy buscando compasión y cariño, según mi doctor. Del mismo modo, siempre tengo la necesidad imperiosa de causar buena impresión a todo el mundo, de querer gustar a todos, de ser el mejor en todo.
Mi doctor mantiene la teoría de que sólo me esfuerzo en momentos oportunos para obtener el placer instantáneo de una buena crítica, de un aplauso, de un “me ha gustado mucho el…” o un “eres muy bueno en…”.
Mi doctor cree que en mi cabeza he creado un mundo de fantasía por el cual establezco que todo lo que hago lo hago para que los demás se sientan bien, se emocionen y en definitiva sean felices, pero en realidad todo eso lo hago para sentirme YO bien CONMIGO mismo, para ser YO feliz. Al fin y al cabo ese es el objetivo primero y último del ególatra redomado. El problema de esto es que lo que yo hago no lo hago para que me guste a mi. Lo hago para que le guste a otros y posteriormente recoger los frutos de esa exposición de mis actos. De ahí que me cueste tanto acabar ciertas tareas, ya que donde la mayoría de las personas encuentra placer, es decir, en el proceso de creación, a mí me resulta tremendamente complicado de obtener.
Mi doctor cree que todo esto ha podido ser debido por varias causas, entre las que destacan el hecho de ser el hijo pequeño, el sobre proteccionismo paterno y las dificultades de salud en los primeros años de mi vida que acentuaron la atención y el cuidado sobre mí. De no ser por una timidez extrema hasta los 18 años y una humildad de palo, casi fingida, seguramente ahora sería una persona mucho más insoportable ya que mi egoísmo y mi amor propio no hubieran tenido límites, como bien apunta mi doctor.
Mi doctor cree que escribir en un blog es la prueba definitiva para desenmascarar al verdadero vanidoso.
Mi doctor cree que elegir la profesión de director de cine también es un síntoma claro.
Mi doctor opina que si estoy escribiendo esto es porque busco una buena opinión sobre mí, que alguien me diga que en realidad no soy así, que mi doctor se confunde, que yo soy un gran tipo, que escribo muy bien y además tengo las orejas muy bonitas.
Mi doctor también opina que puedo estar escribiendo esto para causar pena. Todo el mundo se apiadará de mi, me dirá “no te preocupes, lo superarás”, o “pobrecito, qué mal lo debe estar pasando”.
Mi doctor cree que tanto de un modo como de otro habré conseguido lo que quiero. Ser durante cinco segundos el centro de atención de alguien.
Mi doctor finalmente tiene un diagnóstico. Soy un narcisista ególatra vanidoso. ¿Cuál ha sido el síntoma que lo ha convencido del todo? Que él no existe. Que mi doctor soy yo. Que incluso cuando hablaba de otra persona estaba hablando de mi mismo.
El colmo del egoísmo señores.