Lo que en el Doménico se estrenó
Lo he dicho mil veces pero no me importa repetirlo una más. Muchas gracias a todos los que habéis venido al estreno. Que la gente se preocupe, se desplace (algunos incluso cojos) y te anime es lo mejor que puede ocurrirle a alguien que está empezando. Porque es muy fácil subirse al carro cuando la persona es famosa, decir que le apoyaste desde el principio, que viste su primer corto o que escuchaste su primera maqueta. Lo jodido es asistir a este tipo de cosas, que nunca sabes lo que te vas a encontrar, que simplemente se hace por apoyar a un amigo. Así que de nuevo muchas gracias.
Y así fue. La verdad es que genial. Algunos problemas técnicos de más y menos nervios de lo esperado. Si es que lo mío son las tablas y el micrófono en mano. Da gusto subirse ahí arriba y ver a tu alrededor a esa gente que espera tanto de ti. Da gusto y acojona. Porque crear expectativas es sencillo, lo difícil es cumplirlas.
He llegado a casa hace poco. Me he quitado la corbata con pena. Creo que la voy a llevar más a menudo. Igual me hago comercial. No, mejor no. La cosa es que, de alguna forma, te convierte en otra persona. Alguien con algo que decir, quizás.
Bueno, me voy a la cama. No sé si soñaré o despertaré del sueño. En esta noche en la que descubrí que a quien realmente andaba yo buscando no era a Elena Anaya sino a la chica del gorro a rayas. Y por fortuna, estaba en primera fila.
Buenas noches y buena suerte.