Una historia de violencia
Hay días que matarías a un cierto número de personas. Y hay ciertas personas que matarías todos los días un cierto número de veces. Supongo que si en alguna ocasión se me acusa de asesinato esta confesión no me ayudará mucho en mi defensa, pero bueno, nadie dijo que escribir un blog fuera una tarea poco peligrosa. De este modo lo confieso. Hoy mataría a esa persona. Y mañana. Y pasado. Y si pudiera construiría una máquina de hacer clones y después una máquina de asesinar, y las pondría una frente a la otra. Y seguiría matándole hasta la eternidad. Como Rasca y Pica.
Es tal la estupidez de esta persona que le hace ser libre. Y dicha libertad emergente de tanta estupidez se ha transformado en una chulería y en un subnormalismo tal que, sinceramente, creo que el mundo estaría mucho mejor sin este pseudo-ser humano vagando por él. Con su cara de paleto, su cerebro minúsculo que sólo usa para echarse alabanzas a sí mismo, que para más inri, son aplaudidas por el resto de paletos, este bravucón de tres al cuarto me calienta la sangre de tal forma que sólo con oír pronunciar su nombre se me revuelve el estómago. Aunque pensándolo mejor quizás la muerte no es lo que necesite, de momento. Primero habría que humillarle, humillarle de la manera más cruel, algo que nunca pudiera olvidar, de la misma forma que él intenta humillar a todos los demás. Humillarle hasta que pierda el sentido. Humillarle hasta que por clemencia pida morir. Y entonces, dejarle con vida. Pero no sin antes hacerle sufrir un poco más.
“Me importa una mierda lo que sepas. Te voy a torturar de todos modos.” Esa sería una buena frase para empezar. ¡¡¡¡Aleluya, el Señor resucitó!!!! Y vino a mí y me dijo, acaba con él. Es la historia de la violencia en la humanidad condensada en dos párrafos. La vida siempre ha de estar en equilibrio. Y cuando se quiere con locura a una persona se ha de odiar de igual forma a otra. Es la historia de la historia en directo. Es irracional. Es una locura. Pero es real.
Que no os asuste la violencia mientras se libere con palabras.