Enredos
Hay días que no consigo sacar tu cuerpo de mi memoria y se hacen eternos como nudos sin extremos, como los nudos que creas en tus desenredos, entonando sinfonías de movimientos que nunca sabré interpretar ni orquestar pues todo en ti funciona a un compás distinto en una hora diferente en un lugar desconocido.
Tus uñas en mi espalda son el dolor más satisfactorio, tus uñas rasgando mi mente se vuelven insoportables, es excesivo, es un límite sobrepasado mil veces y una más de regalo, es volverse loco por un atisbo de recuerdo, ni si quiera un recuerdo entero, un entrever, un resquicio, una rendija de luz en la puerta de la memoria, eso basta para quedarse ciego.
Y vuelvo al lugar desconocido, en la hora diferente, con el compás distinto que no consigo orquestar ni interpretar, y tus movimientos siguen entonando sinfonías, y tus desenredos se tornan enredos, y tus enredos nudos, nudos sin extremos tan eternos como los días en que tu cuerpo es incapaz de abandonar mi memoria. Y ya la rendija se transformó en un alud de luz, ya no existe la puerta, ni si quiera es un arco. Estoy a cielo abierto, contemplándote como quien contempla un regalo antes de abrirlo. Es el límite que se sobrepasa mil veces y una más. Es excesivo. Es quitarle el envoltorio al dolor y zambullirte en oleadas de satisfacción. Son tus uñas en mi espalda, son tus sentidos al descubierto. Son días para desenredarnos y volver a enredarnos sin remedio.