
La suerte a veces no sé si es esquiva, si te torea o si quiere dar la mano y luego sólo te deja coger un dedo. Al menos eso es lo que me está pasando a mí últimamente. Si en Navidad el Gordo fue el 20085 y yo tenía el 20081, hacer una quiniela de 13 tampoco es cosa que pase todos los días. El caso es que mi madre nunca había hecho una quiniela. Y como es normal por ser la primera vez sólo quiso hacer una columna. Lo que ella no sabía es que la apuesta mínima son dos. Así que un día de esta semana me encontré en la mesa de la cocina el boleto en cuestión hecho a la mitad. Y le dije a mi madre que yo rellenaría la segunda columna. Y eso nos lleva hasta hoy por la mañana. Cuando empiezo a comprobar los partidos y me doy cuenta de que he acertado todos menos uno. El Osasuna – Zaragoza. El premio: 1800 euros. 300.000 pesetas. Si por cualquier cosa el Osasuna hubiera marcado otro golito, sabéis, un gol de nada, que en una portería de 7 x 2,4 metros ni te enteras de que entra. Un golito aunque fuera de penalti injusto en el minuto 95. Un golito de esos que se le pueden marcar a un equipo que viene eufórico a la par que cansado de meterle 6 al Madrid. Ya sabéis, un puto gol, que no es tan difícil de meter en tu propio campo. Si hubiera pasado eso ahora mismo no estaría escribiendo aquí. Estaría pensando qué hacer con 60 millones de pesetas, estaría emborrachándome a las 10 de la mañana, estaría, estaría…Si uso el condicional es porque el Osasuna no metió ese golito, o se dejó meter uno, que para el caso es lo mismo. Pero bueno, no quiero quejarme. La suerte me está rondando. Quizás demasiado. A partir de ahora miraré más al cielo. Por si me cae un piano encima, ya sabéis.