pensando en no pensar nunca más
Escribo para que pasen las horas sin pensar. Y vosotros me diréis, ¿no es un poco difícil escribir sin pensar? Y yo os contestaré que más de la mitad de seres humanos que dejan su nombre impreso al lado de un montón de palabras y letras y frases subordinadas y copulativas y adjetivos y metáforas y sinalefas, lo hacen sin pensar. Así va el mundo y así voy yo. Del periódico ya sólo leo la sección de cultura. Cuando caiga una bomba o explote un avión, arda un edificio, se derrumbe una presa, haya un holocausto o se descubran todas las mentiras, para entonces me enteraré cuando me tenga que enterar. Hasta ese momento prefiero no deprimirme más.
Escribo para que pasen las horas sin pensar. Y vosotros me diréis, ¿por qué no quieres pensar? Y yo os contestaré que pensando se hace más daño a la gente que se quiere que a la que no se conoce. Me alegré esta mañana al enterarme que Coixet había ganado. Me enteré a las 9 y media, más o menos cuando acabó la gala. Ayer vi “Una historia de violencia”. No me gustó. El jueves vi “Escondido”. Me quedé con ganas de más. Así deberían ser las críticas. Ahorrando espacio, tiempo, tinta y papel. El que piensa demasiado acaba por hundirse en su propio fango.
Escribo para que pasen las horas sin pensar. Pero escribo demasiado rápido y las horas no me alcanzan, se quedan rezagadas y yo giro la cabeza mientras sigo tecleando y les pido que por favor aceleren, que no me dejen elucubrar y es entonces cuando me salen palabras como esa: elucubrar. Y ya estoy perdido, porque mi mente ha empezado por la sección sinónimos y no hay parada solicitada. Mi mente ha empezado a pensar. Y ya estoy perdido y releo lo que he escrito y ese es el peor síntoma de todos y miro el puto reloj y han pasado cinco minutos. Y pienso que no puede ser que sólo hayan pasado 5 minutos. Y pienso y al pensar se deja de escribir, se deja de imaginar. Pensar es el mayor problema. Pensadlo bien.