I´ve been Watling for you so long (Nevando con Marlango)
El día que nevó en la playa fue la noche que tocó Marlango. No podía ser de otra manera. Es algo tan surrealista como muchas de sus letras, como la forma de moverse de Leonor en el escenario, como ciertas mezclas que hace Alejandro al piano. Ver la nieve deshacerse en la arena de la playa es una experiencia parecida. Y no podía ser de otra manera.Lo mejor: la voz y los bailes de Leonor, el humor pasiego de Alejandro, la puesta en escena, el resto de la banda, la versión de “The beats goes on” y las guitarras de “My love”, las improvisaciones, el estreno en exclusiva de una nueva canción, la acústica de la sala, la humildad del grupo a pesar de su calidad, el buen rollo que transmiten, el mundo de fantasía en el que te sumergen con cada canción, las coreografías sonoras con silbidos y chasqueos de dedos,
la inocencia (real o actuada) de la Watling entre canción y canción, la sensación final de haber vivido un sueño más que un concierto…Lo peor: la vigilancia extrema en la sala para que nadie sacara fotos y asistir a un concierto sentado. Es algo contra natura.
Y hoy sábado queda la resaca de algo que pareció no existir. Un sábado paradójico como suele pasar siempre en televisión. Películas para llorar (de lo malas que son) y programas casposos en horario de máxima audiencia para luego en cambio observar atónito cómo de madrugada programan “Casino” y “Lucía y el sexo”. Está claro que en España la cultura hay que fabricársela uno mismo o de lo contrario todos caeremos en las garras de lo mediocre y lo fácil,
lo que no hace pensar, eso que hace aletargar los sentidos como una inyección de morfina en el cerebro, como un calmante para la imaginación y la creatividad.Con el concierto de ayer me quedo con muchas cosas pero hay una frase de Leonor Watling que me viene muy bien recordar ahora: “Ha quedado demostrado que no tenemos el don de la palabra”. Pues sólo os faltaba ya eso, pensamos nosotros. Cuánto talento tienen algunos y qué poco tienen otros...