Al fin y al cabo hicimos historia
Hoy es la fiesta-show de mi añoradísimo (una gaita mañanera) colegio. Y siempre que se acercan estas fechas recuerdo la efeméride del show que nosotros protagonizamos. Ahí cuajó mi pasión por el cine y por eso es por lo que ahora estoy como estoy. ¿Sin un puto duro? También, pero me refería a más loco que una vaca suiza. No sé si en los años posteriores a nuestra gran intervención se repitió o intentó repetir algo como lo que hicimos nosotros. Da igual. Nosotros creamos un punto de inflexión, un antes y un después de la concepción de los shows de 2º de Bachiller. Todavía recuerdo los preparativos. La visita a Vegavisión, plagada de freakis, que tan buenos ratos nos ha proporcionado mantenerla en memoria. Conseguir el proyector, hablar con los profesores, preparar el guión, buscar las localizaciones, mentalizar a los actores…bueno, no fue tan profesional como eso pero en la retina siempre te quedan imágenes impactantes. Ver a tu profesor de Filosofía echar vino por la boca simulando su muerte es algo inolvidable. Y luego, sin duda lo mejor, observar cómo toda la gente ilusionada contempla nuestra obra, que aunque humilde y algo trapera, es de todos modos nuestra, y lograr el fin último de todo este tinglado. Compartirla con los demás y que los demás sientan ligeramente lo que tú has sentido con ella. El resto se queda entre nosotros. Quizás inspiramos a más de un chiquillo a seguir nuestros pasos. O quizás no. De lo que está claro es que de alguna forma hicimos historia. Muy breve, corta, íntima casi, pero al fin y al cabo historia.