Las cosas que prestamos
Un signo claro de maduración personal es cuando empiezas a no dejar tus cosas tan alegremente como cuando lo hacías antes. Ahora sólo lo haces con la gente en quien realmente confías y tras hacerles pasar por una serie de pruebas al más puro estilo academia militar. Y es que la experiencia es un grado y eso de perder de vista aquel dvd tan maravilloso o ese libro que siempre releías por culpa de alguien irresponsable es una putada. Por cierto, si le debo a alguien algo que me lo diga. Por mi parte yo tengo clarísimo lo que nunca voy a recuperar. Es algo así como los emails que no llegan. ¿Dónde van a parar?. ¿Dónde están esas cosas que prestamos y que nunca más volvemos a ver? Y he dicho prestar, no ceder ni regalar. Lo dicho, uno aprende de lo vivido. Y como homenaje propio pongo una secuencia de Moulin Rouge. Un dvd que presté y que alegremente otro tomó como propio. No volverá a pasar.