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Paréntesis de Tiempo Perfecto

29-11-2005 02:29:14

Nadie sabía menos de ella que él


Nadie sabía menos de ella que él, pero en ese momento decidió amarla para siempre. Siempre.

Y tal como llegó así se fue. Desapareció. Cogió su vida y se la llevó a donde debía estar. Y aún así él sabía que algún día la volvería a ver. Porque ese día había decidido amarla para siempre. Y siempre es mucho tiempo.

Y se vieron, se encontraron de nuevo, se dieron espacio, se mezclaron palabras, se amaron en silencio, se siguieron con la mirada, se educaron el corazón y lo encerraron en una caja. Una caja de esas que se guardan debajo de la cama, porque sabes que en cualquier momento necesitarás abrirla. Una caja sin lazos, ni candados. Fácil de abrir, rápida de encontrar. Una caja sencilla, mínima, pasaría desapercibida para cualquier persona. Debajo de la cama, sin lazos ni candados y con un corazón dentro.

Cada noche desempolvaban los recuerdos del día. Y al abrir la caja y recoger su corazón y sentirlo latir entre sus manos durante cinco minutos, no más. Y al hacer eso creer perder el alma en cada suspiro, durante cinco minutos, cada noche. Y tener luego la fuerza de voluntad para volver a meterlo en esa caja, fácil de abrir, rápida de encontrar, y guardarla de nuevo bajo la cama.

Y se seguían viendo, y se encontraban cada vez más, y el espacio se acortó, y las palabras ya no pertenecían a nadie en especial, y las miradas ya no seguían, se cruzaban, y los corazones… Los corazones latían con una fuerza devastadora que no les permitía dormir. Ansiaban la libertad, no soportaban el protocolo interno de sus cajas ni la obediencia esclavizadora que sus dueños les habían obligado a aprender de memoria.
Pero aún así se seguían amando en silencio.

O quizás no. Quizás sólo uno de los dos amó en silencio. Quizás sólo era él el que guardaba su corazón en una caja sencilla debajo de la cama. Quizás sólo fue él el que imaginó una historia de amor como la suya. Quizás toda su vida había sido así. Y quizá ahora era el momento de darse cuenta de que estaba solo, de que nadie le acompañaría en este viaje.

Nadie sabía menos de ella que él, y por eso en ese momento pensó que ella le amaría para siempre. Pero siempre es una palabra. Siete letras que se dicen muy rápido. Siete letras nada más.

7 de enero de 2005

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Comentarios

  1. así son las historias. todos guardamos algo si no debajo de la cama, entre las almohadas, entre los pliegues de las sábanas... en la comisura de los ojos al despertar... en un rincón frío de noviembre, en una hoja seca perdida en el bosque... en un silencio... todos guardamos soplos de tiempo, de esperas y desvanecencias.

    vendré más seguido a vistarte. Me ha encantado tu post.

    bela — 29-11-2005 02:53:17


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