La ducha de Bill Murray es mi ducha
Me despido ya de esta semana en cuanto al blog se refiere (dentro de unas horas me voy a San Sebastián) sin ningún criterio a la hora de escribir (como siempre) y con anécdotas e historias que a pocos interesaran (más de lo mismo), lo cual no me impide mantener este cariño y entusiasmo hacia una página que ha sido mi mejor psiquiatra y a veces también mi más fiel compañera (salvo fallos del sistema).
Me centraré en el tema en cuestión que parezco el Notario de Buenafuente con sus “églogas” y “debacles” característicos. Hoy me he levantado dando un salto mortal, me he puesto un buen cacao y cuando me disponía a ducharme resulta que no había agua caliente. Así que la única opción posible era hacerlo en la casa de mi tío, es decir Bill Murray, que vive cuatro pisos más abajo que nosotros. Así que me dispuse a ello. Cogí mi albornoz, mi toalla, mi champú y mi esponja y bajé a probar la remodelada ducha de Bill, con mampara chula, chula. Todo perfecto. Agua calentica que daba gusto. Como no cogí ropa de recambio tuve que salir del piso con el albornoz puesto, el pelo mojado, y la toalla, la ropa sucia, el champú y la esponja en las manos. Pues bien, resulta que a la hora de llamar al ascensor hay un técnico arreglándolo. No me queda otra que subir los cuatro pisos a pie con semejantes pintas.
Y ahora es cuando debería llegar el momento gracioso. Ese momento en el que aparece un vecino de la nada, se te cruza por la escalera y tu al más puro estilo Mr. Bean disimulas apoyándote contra la pared o mirando los ingredientes del champú. Pero en esta ocasión no fue así. Quizás cuando los astros vuelvan a alienarse y la caldera y el ascensor decidan volverse a joder el mismo día y a la misma hora, puede que en ese momento yo me encuentre en la más que delirante situación de encontrarme a un vecino, a poder ser el cura con cara de cabrón, vestido únicamente con mi albornoz rojo (yo, no el cura), y con los calzoncillos usados en una mano mientras disimulo leyendo los componentes de un gel de baño que no tiene etiqueta porque es marca Champion y seguramente su único componente sea el liquido viscoso segregado por un animal aún por descubrir y/o catalogar. Cuando eso ocurra procuraré contarlo.Y hablando de duchas, hace tiempo cerca de mi casa alguien pintó un grafitti con la frase: “La lucha de Hitler es tu lucha”. Por suerte alguien listo y porqué no, también irónico hizo un leve retoque a dicha frase dejándola tal que así: “La ducha de Hitler es tu ducha”. No sé qué opinará de todo esto nuestro amigo despistado de la foto. Lo que está claro es que la ducha de Bill Murray también es mi ducha.
Andrés Calamaro - Estadio Azteca