¡¡Y tú sabrás que mi nombre es Yahvé, cuando mi venganza caiga sobre ti!!
Se me ocurren mil y una idioteces y hago movidas para que el día se me pase más rápido porque sé que lo bueno empieza al anochecer. Miro el teclado y me doy cuenta que está lleno de mierda. Ahora abundan pelos por todas partes. Es otoño y el muy hijo puta del cabello cae con sólo hablar de él. Ahora mismo se me han caído tres. Pero da igual, calvo a los 25 o calvo a los 43, hoy es viernes, día de estrenos de cine, de trabajos que acaban al mediodía, de escaqueos multitudinarios, de transformación colectiva, de bares llenos, de sexo, drogas y rock & roll, de homo zapping y dónde estás corazón, de muchas cosas intrascendentes y de condensación de toda una vida que no has disfrutado durante la semana. Porque así es este mundo que nos ha tocado vivir, donde lo fácil hubiera sido pasarlo bien 5 días y trabajar como mucho 2, pero alguien decidió (de la conferencia episcopal o de la COPE fijo, que para el caso es lo mismo) que no, que por qué vas a disfrutar de la vida y ser feliz para siempre, forever and ever, si es mucho mejor cuando se pasa mal, con tus deudas, tus letras, tu cabrón de jefe y tu calvicie galopante, así que menos rollo, menos mierdas y menos samba y al tajo (el río no) que hay que levantar este país, me cago en todos, ¡arriba España!.
Así que la vida sigue, prácticamente igual. El de OBK sigue cantando con una pinza en la nariz, la gente sigue yendo al cine para ver las mismas mierdas de siempre, los libros… ¿libros? ¿qué es eso?, la gente sabe que existen pero nunca han abierto uno, Kimi ha vuelto a romper el motor y España necesita ganar a Bélgica para cagarla luego en cuartos. Porque un mundial sin España no sería un mundial.