El fin del fin
Joder, joder, joder y joder…el tiempo no pasa cuando tiene que pasar y vuela cuando tiene que estarse quieto el muy hijoputa, y así uno ya no sabe a dónde agarrarse ni qué cojones esperar, porque todo lo que te rodea parece una lavadora con sus programas y sus centrifugados y tan pronto estás disfrutando de una intensidad vital de la leche como estás muerto de asco en casa oyendo el traquetear de las agujas del reloj y deseando que los fines de semana dejen de ser fines para ser principios y que los principios se conviertan en fines, y así yo no tendría que recurrir a tantas palabras malsonantes que a pesar de que calmen mi mala leche (nada de esa mariconada de uno, dos y tres, cuatro, cinco y seis…) resultan siempre feas si se comparan con otras que yo me sé y que conozco bien porque lo que tiene el aburrimiento es que te deja mucho tiempo para leer y uno al final acaba por aprender, pero qué queréis que os diga, también a uno le apetecen hacer otras cosas que desgraciadamente no dependen de mí y si en un momento dado llegaran a depender hay ciertos elementos que no puedo controlar como es el caso, ya nombrado anteriormente, del transcurrir del jodido tiempo, con su mierda de relatividad siempre a cuestas, con su marcar las horas tan inoportuno, tan variable a pesar de su indiscutible tenacidad, constancia, firmeza, tesón, paciencia y toda la retahíla de sinónimos que a usted le plazca pero la cuestión aquí es que el JODIDO TIEMPO, más allá de su relatividad o de su entereza, mucho más allá de su transcurrir o de su pasividad… la cuestión que aquí acaece y que es la que merece especial atención es que el tiempo me está tocando las pelotas, así como suena, y no descansaré hasta que consiga destruirlo por completo.
Se ha convertido en algo personal.
Y sólo puede quedar uno.
El tiempo vs Yo.
El fin del fin está al llegar.