Aficionado y Maestro
“Me gusta cuando llueve y hace sol a la vez. Es como llorar de felicidad. Es una contradicción increíble. Es como el que sonríe ante un nuevo problema. Es algo que pocas veces se da. Es jodidamente original. Y por eso me gusta tanto. Lluvia y sol a la vez. Excelente.”
Llorar de felicidad. Yo mismo. 10–09-05
Dos semanas después leo esto…
“Y sin embargo, aun cuando indudablemente la luz de la tarde es hermosa, hay algo que todavía llega a ser más hermoso que la luz de la tarde y es, para ser precisos, cuando por incomprensibles juegos de corrientes, bromas de los vientos, rarezas del cielo, descortesías recíprocas entre nubes defectuosas y decenas de circunstancias fortuitas, una verdadera colección de casos, y de absurdos –cuando, en esa luz irrepetible que es la luz de la tarde, inopinadamente, llueve. Luce el sol, el sol de la tarde, y llueve. Eso es lo máximo. Y no hay hombre, por muy limado por el dolor o acabado por la angustia que esté, que frente a un absurdo semejante no sienta despertársele en alguna parte de sí mismo unas irrefrenables ganas de reír. Porque es como un colosal y universal gag, perfecto e irresistible. Algo difícil de creer. Ni siquiera el agua, la que te cae sobre la cabeza, en gotas menudas sesgadas por el sol bajo en el horizonte, parece agua de verdad. Es una general y espectacular excepción a las reglas, una grandiosa tomadura de pelo a todo tipo de lógica. Una emoción…”
Tierras de cristal. Alessandro Baricco.
Bueno, me consuela pensar que un gran escritor como él comparte una idea conmigo. La forma que tiene cada uno de expresarla ya es otra cosa. Prometo seguir practicando. Arrivederci.