Empezando la casa por el tejado
Mi vida sigue. No he muerto. Y me da pena pensar, si en verdad es así, que nadie desee hallarme de ese modo. Finiquitado. Porque ya se sabe, que todos tenemos gente que nos cae mal y viceversa, pero enemigos, lo que se dice enemigos de verdad, muy pocos pueden presumir de ellos. Y has de ser muy importante, carismático, millonario o las tres cosas a la vez para granjearte tales remordimientos que hagan que otro ser humano ansíe con toda su alma tu inexistencia. Así que lo dicho. Que si hay alguien que prefiera verme en una caja de pino con tapas y entre coronas en vez de entre Coronitas con tapas de tortilla y anchoas que me lo diga. Me hará sentir feliz a la par que enigmático. Porque un superhéroe sin enemigos es un tío que va por la vida con los calzoncillos por encima de los pantalones. Así de ridículo.
En mi contador personal:
0 amenazas de muerte.
0 órdenes de alejamiento.
0 operaciones a corazón abierto.
Que vida más aburrida, la verdad.
Mientras tanto sigo vivo agonizando los últimos días del año 23 Después de Mi Nacimiento (d.m.n.), que es la forma en que empezarán a contarse las eras dentro de unos años. Y sigo vivo reflexionando sobre mi repentina necesidad de egocentrismo. Debe ser que no me he tomado las pastillas del tiroides. Y sigo vivo enganchado a Alatriste. Ya voy por el tercer volumen en dos semanas. Y sigo vivo recorriendo esas calles de Madrid con la mente a la vez que leo las aventuras del capitán. La Plaza Mayor, la calle Príncipe, Santa Ana, Toledo, Cavas Alta y Baja, San Ginés, el Humilladero…Tantas veces andadas por mis pies y ahora vueltas a andar en mi memoria y en mi imaginación trasnochadora. Y sigo vivo y me estremezco al pensar lo que me queda por andar. Por esas calles y por mil más. Con las personas que ya conozco y con las que me gustaría conocer. Y con las personas que espero encontrarme y con las que me gustaría llevarme de aquí, perennemente a mi lado, como un viejo libro que siempre merece la pena releer. Porque siempre le acaba a uno por sorprender y porque nunca le deja a uno indiferente.
En mi contador personal:
0 amenazas de muerte.
0 órdenes de alejamiento.
0 operaciones a corazón abierto.
1 sentimiento encontrado de añoranza y expectación.
Algo es algo.