Improvisando una vida
Muere Robin Cook y ya no queda nadie para ayudar a los pobres. Perdonen el chiste. Demasiado fácil. La guerra de Irak continúa, aunque muchos lo nieguen. No sólo de Azores vienen anticiclones. También borrascas de agarrarse.
Pero la vida sigue, y con o sin Robin Cooks habrá que echar el resto. Y no me refiero a ese resto de intentar ser lo más en la vida. O algo. Trabajar 25 años para comprarte un pisito y fardar de Megane. Que me han dicho que es el que conduce Alonso. Me refiero a esa otra vida. La distinta. La que no atiende a contratos ni sabe de firmas. La que te recompensa cada día con algo nuevo. La que no te hace esperar durante 350 días al año para “disfrutar” un descanso con la suegra, los niños, la tumbona, el perro y su puta madre en Marina D´Or Ciudad de Vacaciones. Si algún día me conocéis así, no hace falta que preguntéis. Habré fracasado. Y la familia, bien gracias.
No quiero hundirme en el materialismo. Lo que posees acabará poseyéndote. Ya lo decía Brad Pitt antes de liarse con Angelina. Y Edward Norton le hacía caso. Mientras tanto se tiraba a la Bonham Carter, que según Pitt follaba por deporte. Qué más da. La cosa es disfrutar. Y al otro lado de la ciudad El Nota reconocía una cara. A ese tío le he visto antes. Es un nihilista. Y el nihilista le robó la alfombra. ¿O fue otro? Da igual. Amelie no entiende de alfombras. A ella le gusta tirar piedras a los ríos y meter la mano en los sacos de legumbres. Quizás Jim Caviezel también disfrutaba de esas pequeñas cosas antes de morir en una isla del Pacífico. La delgada línea roja es así de cruel. Luego se convirtió en Jesucristo y cargó todos nuestros pecados sobre su espalda. La verdad, yo prefiero morir fusilado por los japos. Aunque pensándolo bien la cruz no debe estar tan mal. Si te toca en el turno de Brian y compañía, por supuesto. Always look on the bright side of life. Eso sí que fue una celebración y no la puta navidad. Mientras tanto Pitt y Norton juegan al golf en un suburbio abandonado y Woody recorre Manhattan con sus paranoias. No sé por qué pero cada vez que oigo a Rammstein me entran ganas de invadir Polonia. La misma Polonia que a Adrien Brody le sirvió para dar un morreo a Halle Berry que ya quisieran algunos, es decir, todos. Esa sí es forma de celebrar un Oscar. Eso sí es vivir la vida y no con tu suegra en una piscina de 2 x 2 que son 4, más 4, ocho. 8 del 8 que es hoy. Y en 12 días hago 24. La paridad me persigue al igual que la inteligencia, pero yo soy más rápido. A mí no me cogerás tan fácilmente. Sé de buena tinta que los tontos son más felices. ¡Que me invada la estupidez pues! Pero creo que ya es inevitable. Sé demasiado y por eso estoy condenado. Y por eso no me queda más remedio que ser el doble de Woody Allen para las escenas de acción. Es decir, si algún día vuelve a trabajar con Mia. Hasta entonces sigo en paro. Y me doy paseos por la playa haciendo labor social. Es un trabajo voluntario. La gente al verme piensa: bueno, podría ser peor. Y ya se van más contentos a casa. Labor social, que se dice. Aunque podría estar remunerado. Hago feliz a la gente. Como Papa Noel y Letizia Ortiz. Como esa gente que siempre te dice lo que quieres oír.
Me habéis caído bien. Estáis todos invitados a comer a casa.
Y tú, si quieres, te puedes quedar a dormir.