El municipio está nuclearizado, ¿quién lo desnuclearizará?
De nuevo hoy un paseo en bici que no viene nunca mal. El trayecto empieza por las callejas de mi ciudad hasta llegar a una carretera ya en desuso que comienza en lo que se asemeja a un pueblo fantasma, tipo Oeste americano o Chernóbil ruso.
Tras un par de kilómetros llaneando y respirando mierda de vaca que se te introduce por las vías respiratorias y se inserta rápidamente en el torrente sanguíneo provocando breves pero intensos impulsos de empezar a ordeñar o limpiar boñiga durante horas como un loco llego a una zona arbolada preciosa de eucaliptos donde para mi sorpresa mayúscula me topo con el cartel de la foto. Mientras desciendo el cerro que comienza a serpentear por la ladera y que da gusto bajar (inversamente proporcional a lo que jode subirlo) pienso en el letrero de antes. Es una alegría saber que ese punto, a escasos 3 kilómetros de mi casa, esté desnuclearizado. Lo que me acojona es pensar que en algún momento eso pudiera estar nuclearizado. Quizás eso explicaría el aspecto del primer pueblo por el que pasé. O quizás querían decir “canal” en vez de “municipio” y “descodificado” en vez de “desnuclearizado”. Bueno, en esas chorradas andaba yo enfrascado cuando decidí dar la vuelta y emprender la escalada a esa montañita que tan ricamente había disfrutado bajar y que ahora me tocaría ascender tragicamente. Cuando ya estaba llegando al final, sin aire, sin apenas grasas, con mi cuerpo tirando de los nutrientes de las cervezas del fin de semana, vi en el suelo las típicas pintadas de las vueltas ciclistas a la región o al municipio. Y una de ellas hacía referencia al hermano de un amigo, que se dedica de vez en cuando a esto y que parece ser bastante bueno, al menos por lo que decían los grafitis. O eso o su hermano se ha dedicado a escribir en cada carretera de tercera el apellido familiar como un poseso. Lo cual tampoco me extrañaría nada. Resumiendo, que al final logré subir la jodida cuestita de nada y para celebrarlo decidí ir a charlar con mi hermano que estaba trabajando en la carnicería y que me invitó a unas cuantas lonchas de mortadela, que no veáis como entraron. Cosas de la vida, mi hermano, que ha tenido un hijo hace poco me dice que a ver cuando quedamos para echar un kinito, (es decir, mamarse en plan industrial) que lo echa de menos. Y yo que me estoy quitando de este tipo de juegos le digo: ok, por mi perfecto. Es lo que tiene la familia. Que uno no se puede negar a pasar un buen rato con ellos. Y si es con un poco de alcohol mucho mejor.