Cosas de la vida (Episodio I)
-Con la “P”. Persona que se vende por dinero a cambio de realizar un trabajo deshonroso.
-Periodista del corazón.
Y así fue como logré que todos mis allegados me odiaran profundamente. Acababa de perder 300 millones de pesetas en el Pasapalabra. Con la de veces que puedo llegar a decir puta en un día… En fin, que me echaron de casa por estúpido. Y ahí sí que repetí en reiteradas ocasiones la palabra de la discordia. “¡¡So cabrones, hijos de puta!!” Entonces ellos contestaron: “¿Ahora la dices? ¿Te atreves a decirla ahora?, ven aquí que te cojo y te te te…”. Salí corriendo antes de que mi abuela y mis primos lograran arrancar la motosierra. Un momento divertido. Con las prisas apenas tuve tiempo de coger nada. Iba con lo puesto, con el dinero suficiente para un día de comida y un billete de autobús a un sitio no muy lejano. Camino de Burgos el chofer sufrió una crisis nerviosa. No paraba de repetir que estaba harto de las curvas del Escudo, que nos iba a matar a todos. Aquello se convirtió en Speed 3 pero en plan provincial. La gente del autobús al principio se mosqueó un poco pero luego descubrimos la mini nevera y se organizó una fiesta after-hour-road-movie-entrada-y-dos-copas-8 euros hasta el amanecer. La gasolina se acabó a la altura de Ciudad Real y ni nos enteramos de que el chofer se había largado con la azafata del bus a un hotel de carretera cercano. Luego comprendimos que la crisis nerviosa se había producido porque horas antes había pillado a su mujer a toda mecha con dos suecos enormes que andaban algo despistados por el zoo de Santander. Y allí fue, al lado de la zona reservada para los pingüinos, donde el chofer descubrió que a su mujer le entusiasmaba el rollo escandinavo. Debió empezar a preocuparse cuando llenó su casa de muebles Ikea.
A la mañana siguiente el autobús estaba de nuevo en marcha. La resaca era monumental y a la azafata le costaba andar con normalidad. Nadie sabía donde estábamos, pero eso poco importaba. Lo que nos extrañaba era que no hubiera un regimiento de coches de policía detrás nuestro. De repente el chofer frenó en seco y cogiendo el micrófono al más puro estilo Elvis dijo unas palabras que se me quedaran grabadas para siempre: “A la puta calle to el mundo”.
Y nos bajamos. Resulta que estábamos a 10 kilómetros de Marbella así que decidí ir caminando poco a poco a la gran ciudad de la mafia para probar suerte en algún casino con apuesta mínima de 1 euro. Se vino conmigo un tipo extraño llamado Centrino. Parecía idiota y seguramente lo fuera. Se autodenominaba el “ventrílocuo universal” y ponía voces a todo. A las piedras, a las señales, a los asientos, a las latas de cerveza, a sus nalgas…Y eso hace gracia cuando llevas un pedo de la muerte en un autobús conducido por un cornudo demente pero cuando estás haciendo autostop y ves que los coches aceleran a nuestra altura en vez de frenar ya no te ríes tanto.
(Siguiente capítulo: cómo sobrevivir en Marbella con 5 euros, un ventrílocuo idiota y con la mafia rusa detrás de ti para matarte)