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Paréntesis de Tiempo Perfecto

12-06-2005 06:03:50

Bucle infinito de felicidad


Él era un hombre divorciado. No hacía ni un año que se encontraba así y sentía un inmenso vacío en su interior. Su mujer decidió acabar con el matrimonio. Dijo que tenía que buscar cosas nuevas, encontrarse a sí misma…ese tipo de mierdas que se dicen cuando has dejado de querer a alguien. Él seguía enamorado de ella. Era imposible imaginar un día sin amarla. Simplemente un día se fue y él no fue capaz de decir que no.

De repente, un día, la llamó. “Necesito hablar contigo. Es urgente”. Quedaron en un bar con vistas al infinito. Él le explicó todo. Comenzaba a sufrir de Alzheimer. Y necesitaba su ayuda. Ella no comprendía por qué debía ser ella. Por qué no cualquier otro. “Algún día lo entenderás” dijo él.

La enfermedad avanzaba implacable. Ella le visitaba todos los días. Y él le dictaba durante horas. Su vida. Estaba dictándole su vida. No quería que toda su existencia se perdiera en el vacío absoluto de la nada. No quería convertirse en un ser inanimado mientras siguiera vivo.

“Y entonces llegaste tú. Me salvaste. Estaba condenado y me salvaste. Nunca he querido a nadie como te quise a ti. Como te quiero. Sí, te sigo queriendo, a pesar de todo. Y antes de que esta enfermedad acabe conmigo quiero dejarlo por escrito. Para que un día, al leerlo, pueda decir que amé como el resto de las personas. Como el que más”. Ella le miró y se miró a sí misma. Su mano le temblaba. Era incapaz de articular palabra. Nunca supo apreciar a la persona con la que había convivido durante años.

El tiempo pasó. Apenas lograba recordar lo que había hecho tan solo diez minuto antes. Pero increíblemente era capaz de acordarse de hasta los más mínimos detalles de su relación con ella. Finalmente, un día, sin más, cualquier día, de pronto, sin avisar, dejó de recordar. No reconocía a su gran amor. Entonces ella comenzó a leer. Y mientras repasaba cada letra, cada palabra llena de emoción, él volvía a enamorarse de ella. Y ella de él.

Cada día amanecía. Y cada día, con el nuevo sol, ella le despertaba y le leía su vida. Un recuerdo que duraba eso, 24 horas. Pero un recuerdo que era capaz de renacer sus sentimientos más profundos. Cada día él volvía a enamorarse de ella. Y ella de él. Una primera cita eterna. Un amor inmortal. Un amor para toda la vida. Un amor de 24 horas encerrado en un bucle infinito de felicidad.


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