Helena
Se despierta y su forma de dar los buenos días es una inmensa sonrisa. Se ducha y el vaho le permite dejar mensajes en el espejo. Cada uno más loco que el anterior. Se viste tarareando canciones que sólo ella conoce. Directamente se las inventa. Juega con el desayuno, dibuja bocetos de cosas inimaginables con la mermelada de las tostadas, inventa mil historias con las galletas que están a punto de perecer en el cacao matinal. Y cuando se enfada y empieza a maldecir porque llega tarde al trabajo lo hace en un perfecto francés que te hace estallar el oído interno de puro placer. Recoge lo que necesita a toda prisa, pero siempre logra calmarse justo a tiempo para despedirme con un último beso en la mejilla. Debe pensar que nunca me doy cuenta. Que duermo plácidamente. Pero no es así. Estaría loco si me perdiera uno de los mejores momentos del día. El beso de Helena.
Ella es así. Así de loca y pasional. No tiene miedo a decir lo que piensa y lo que siente. No tiene miedo a hacer lo que quiere hacer en el momento que lo quiere hacer. No sé si me explico. Ella es así. Con su cara de adolescente que parece que nunca llegará a la madurez. Cara de niña pilla, de chica lista, que guarda en su interior un mar de sabiduría. Vive en su mundo y le da igual. Y zambullirme y perderme en él ha sido lo mejor que me ha podido pasar.
Vive en su mundo pero ni mucho menos se olvida de todo lo demás. Al contrario. Su vida está dedicada a ayudar a los demás. No entiende el concepto de trabajar para ganarse la vida. Entiende el concepto de luchar para que todo el mundo pueda tener una vida que ganar.
Ella, en sí misma, no existe. Es una mezcla de todo lo que se va encontrando en el mundo. Lo bueno y lo malo. Y de alguna forma lo descompone, lo recicla, lo renueva y lo hace suyo. Pero no es de las que lo oculta. Lo comparte con todo el que quiera sentir algo de su magia.
Cada día que pasa puedo encontrarme con una Helena distinta. Todas magníficas. Todas con la misma base de misterio e ingenuidad. Todas con un matiz nuevo e irrepetible. Así es imposible aburrirse. Es como mirar en sus ojos. Una tarea interminable. Pareces conocerlos, te enorgulleces de poder dibujarlos con los ojos cerrados, pero, de repente, en un parpadeo, cambian por completo, todo tu trabajo por tierra, y volver a empezar. Así hasta la eternidad. Un encargo que podría estar realizando hasta el fin de los días.
My Chemical Romance - Helena