Jodidamente cuerdo (III)
Esto se está empezando a convertir en una sección en si misma. Quizás porque es la más sincera. La más llena de rabia. La que se hace sin pensar.
Llevamos tres días de verano canario y eso ayuda al ánimo. Si no hiciera bueno no sé las burradas que podría soltar. Pero al igual que la música el calor amansa a las fieras.
Creo que ha llegado un punto en el que os habéis convertido en mis mejores confesores. Sé que a unos cuantos de los que me leéis os conozco. Y he de reconocer que escribir ante vosotros es más duro. Nunca he sido de los que “destapan” su forma de pensar o de sentir. E incluso aquí sólo muestro un 20% de lo que soy. El resto lo reservo para la persona que tenga que llegar.
Y también sé que hay unos cuantos desconocidos, que de alguna forma que no consigo explicar, han convertido la lectura de este blog en algo tradicional. Como ojear un periódico, como espiar con el rabillo del ojo a es@ vecin@ tan interesante. Esos extraños son mis verdaderos confesores. De la misma forma que los alias ocultan la realidad, el cura se esconde tras el entrelazado de madera esperando escuchar el peor de los pecados.
Y hablando de pecados, ayer no conseguía dormirme y en un intento desesperado para olvidarme de mis problemas pretendí recordar los siete pecados capitales. Lo de las ovejitas se olvidó en la infancia. Llegué a contar seis. Y de esta forma me dormí. Intentando recordar el séptimo. El primero que me vino a la mente fue el de la pereza. Lógico. El que no supe retener en mi memoria fue el de la lujuria. ¿Lógico también?
Hace unos días escribí a modo de anotación para un posible artículo futuro: “…qué bonito y reconfortante es ir caminando por la calle y cruzarte con alguien que sonríe solo. Quizás haya recordado un momento entrañable del pasado. Quizás se haya despedido hace unos segundos de una persona especial que le ha hecho reír. Ojalá más gente sonriera cuando camina sola por la calle. A mí al menos me alegran un poco el día…”
Pues bien, en su día no lo puse porque no le encontré un contexto apropiado. Hoy lo pongo porque exactamente de eso hablaron el humorista Pablo Motos y el señor Buenafuente en el programa del miércoles de éste último. Y por un lado me sentí bien. Porque aunque sólo fuera gracias a un pequeño detalle mi forma de pensar se acercaba a la de estos dos genios de la comunicación. Y por otro lado me sentí mal, por no haberlo escrito antes. Porque ahora nadie se creerá que yo pensé eso antes de ver hablar a estos dos. Cosas que tenemos los jodidamente cuerdos.
N.E.R.D. - She wants to move