Madrid y yo, yo y Madrid. Madrid al fin y al cabo, Madrid.
Madrid. Son innumerables las canciones que, de una u otra forma, se ocuparon de elevar a los altares la capital española, ya de por sí elevada sobre el nivel del mar. Quizá por eso tomó cuerpo, una vez, el eslogan que rezaba «de Madrid al cielo»... «Madrid, Madrid, Madrid, en México se piensa mucho en ti», venía a entonar un viejo chotis. «Por la calle de Alcalá la florista viene y va», replicaba la copla. «Mírala, mírala, mírala, la Puerta de Alcalá», insistieron después Ana Belén y Víctor Manuel, con puño y letra del grupo Suburbano. «Pongamos que hablo de Madrid», cantaba Sabina, cuando todavía la metrópoli no era sino el lugar al que se venía de provincias, para arreglar papeles. «Vaya, vaya, aquí no hay playa», se quejaron más tarde los músicos poperos de Los Refrescos...
Hay todavía un Madrid castizo, a un paso de la pose cheli o chulesca, que no se pierde la verbena de La Paloma o la feria taurina de San Isidro. Es la ciudad de las corralas, que acabó dando caché internacional a la siesta y al tapeo, ahora nuevamente de moda.
Madrid no es nacionalista, vecino de aquél que Pedro Almodóvar retrató tantas veces en sus películas costumbristas. Un Madrid de comadres y compadreo, educado sentimentalmente en el pop-art de los años 80. Un Madrid que fue joven, pero del que apenas queda ya un club de concierto en el centro (El Sol), alguna que otra galería de arte por Chueca y, eso sí, el sempiterno Rastro dominical de la Ribera de Curtidores, que le vio nacer y envejecer, sin dejar de ser punto de encuentro para otros madriles. De la horrorosa Almudena a los mesones de la Plaza Mayor, pasando por el Palacio Real y con cola frente al Museo del Prado. Un Madrid que no acaba nunca de «guapearse», con zanjas en la vía pública a cada tanto, custodiada además por todo un parque móvil de grúas a la caza y captura de vehículos mal aparcados.
Madrid, mi ciudad, la que nos ha visto crecer tantas veces y al revés, la ciudad que vemos crecer, la ciudad que ha sido golpeada por la barbaridad, la ciudad que permanece despierta día y noche. Una bella ciudad en la que perderse.
El gran maestro Sabina, cantaba a Madrid en 1981, ¿casualidades? Pongamos que hablo de Madrid es una historia de amor y de odio a una ciudad invivible pero insustituible:
Allá donde se cruzan los caminos,
donde el mar no se puede concebir,
donde regresa siempre el fugitivo,
pongamos que hablo de Madrid.
Donde el deseo viaja en ascensores,
un agujero queda para mí,
que me dejo la vida en sus rincones,
pongamos que hablo de Madrid.
Las niñas ya no quieren ser princesas,
y a los niños les da por perseguir
el mar dentro de un vaso de ginebra,
pongamos que hablo de Madrid.
Los pájaros visitan al psiquiatra,
las estrellas se olvidan de salir,
la muerte viaja en ambulancias blancas,
pongamos que hablo de Madrid.
El sol es una estufa de butano,
la vida un metro a punto de partir,
hay una jeringuilla en el lavabo,
pongamos que hablo de Madrid.
Cuando la muerte venga a visitarme,
que me lleven al sur donde nací,
aquí no queda sitio para nadie,
pongamos que hablo de Madrid
Hoy escribo para presentarme, soy yo, Lucía, la del 82, la de los dos patitos, una edad maravillosa y estupenda. Estaba deseando llegar a los 22, un número redondo, mágico. La verdad es que mi atracción son los números pares, cumplir años me encanta, eso es muy saludable, lo malo sería no cumplir años, no? Voy a dejar de irme por los Cerros de Úbeda que luego no escribo lo que quiero y con las prisas me voy a otro lado, y no, no puede ser.
Mi nombre viene de una canción muy bella, una de las canciones de amor más bonitas que conozco: LUCÍA DE SERRAT. Tengo mucha suerte de llamarme Lucía.
Vuela esta canción
para tí, Lucía...
La más bella historia de amor
que tuve y tendré.
Es una carta de amor
que se lleva el viento
pintada en mi voz,
a ninguna parte,
a ningún buzón...
No hay nada más bello
que lo que nunca he tenido,
nada más amado
que lo que perdí...
Perdóname, si
hoy busco en la arena,
una luna llena
que arañaba el mar.
Si alguna vez fuí un ave de paso,
lo olvidé,pa anidar en tus brazos,
si alguna vez fuí sabio y fuí bueno
fue enredado en tu pelo y tu seno.
Si alguna vez fuí sabio en amores,
lo aprendí de tus labios cantores,
Si alguna vez amé,
si algún día después de amarte, amé...
Fue por tu amor, Lucía,
Lucía...
Tus recuerdos son
cada día más dulces.
El olvido sólo se llevó la mitad.
Y tu sombra aún
se acuesta en mi cama,
con la oscuridad,
entre mi almohada
y mi soledad...
Mi reto en la vida es escribir, fotografiar y algún día hacer cine o publicidad, como Bloom, aunque nunca llegaré a su nivel, es delicioso leer sus guiones, tengo dos y cada dos por tres les echo un vistazo, me hacen viajar a la argentina del exilio o a buscar esa gran idea que todos tenemos, esa que a la hora de plasmarla en algún lugar la perdemos, se va como alma que lleva el diablo. Me encanta imaginarme cosas, viajar a través de la fantasía, gracias a ella, he llegado a lugares como New York, la pampa Argentina e incluso, he dado la vuelta en vela por las islas del Mediterráneo. He tocado a Cleopatra antes de morir, conocí a Napoleón en Córcega antes de que partiera hacía París, he compartido caza en la isla de Pascua y he tenido que nadar muy rápido para que los cocodrilos no me hicieran conmigo lo que a otros aventureros en el centro de África. El tiempo ni la edad me impiden hacer estos lindos viajes, y ¿a ti?.
Soy una muchachita ni guapa ni fea, ni gorda ni flaca, ni alta ni baja, soy una muchachita de 22 añitos. Una chica de piel lechosa, con pequitas en la cara, unos grandes ojos marrones y una linda boquita. Una chica normal, algo tímida para mis secretos y mi mundo, pero muy extrovertida para conocer gente y moverme.
Os preguntareis de que conozco a Bloom, digamos que alguna vez compartimos kinitos en un lugar llamado Delicias, sin embargo, la vida nos ha deparado una gran sorpresa con esto de Internet, hemos compartido pocas palabras, pero no hacen falta muchas, sabemos más de nosotros que cualquiera, tenemos muchas cosas en común, como un proyecto de casa, en algún sitio a caballo entre el París de los 50-60, Roma y Madrid. Una gran casa con mucha luz, 1 cuarto oscuro para el revelado, otro para el montaje y demás cosas para nuestro pequeño cine, una cocina enorme para hacer comiditas ricas ricas, cada uno nuestra habitación... la casa decorada con ese rollo bohemio, que de vez en cuando compartimos... ; lástima que esta casa sólo quede en nuestra mente, si alguna vez la tenemos seréis avisados y haremos una gran fiesta!