Sed realistas, pedid lo imposible
Camaradas:
Hoy me he pasado todo el día queriendo escribir algo importante, algo que llegara, que transmitiera, que os cambiara. Empecé de forma dura, preguntándome por qué el mundo está como está y por qué nosotros, los jóvenes, los que en teoría debemos comenzar las revoluciones porque el tiempo será el que nos vaya aburguesando, no hacemos nada para mejorarlo. Quizás porque en ésta época que vivimos ya poco se puede cambiar. Todo es tan hermético, tan fijo, tan poco espontáneo. Todo impregnado de esa mierda llamada protocolo, y es que hasta lo políticamente incorrecto se me hace poco.

A la mente me vinieron flashazos de otras épocas, otros ideales. La utopía de la vida bohemia, de la libertad, del amor, de la verdad y la belleza. De aquel París de comienzos de siglo, donde todo era nuevo, y cada segundo nacía una nueva sublevación, una revolución cultural donde no había límites porque nadie imaginaba que pudiera haber límites. Ahora parece que todo debe ser comedido. La vehemencia es un pecado y la innovación pura extravagancia.
Después, no sé por qué, pensé en el Mayo del 68, también residente en París. Aquella revuelta estudiantil, que partió con unas ideologías que luego evolucionaron y a las que más tarde se unió todo un país, desde obreros hasta premios Nóbel. Aquel levantamiento fracasó pero el espíritu y las ideas de más libertad, de poder soñar con una vida mejor quedaron esparcidas por el mundo como postales enviadas con millones de sentimientos. “Sed realistas, pedid lo imposible”, “Bajo los adoquines está la playa” o “La imaginación al poder” son algunos de los lemas de aquel mes mágico al que siempre se hace referencia cuando se quiere animar a la revolución.

Esto pensaba yo mientras buscaba imágenes de uno de sus líderes, Daniel Cohn-Bendit, como aquella en la que no dudaba en desafiar a ese gendarme impasible, símbolo de la más dura autoridad. Pues bien, buscando y rebuscando, quiso el azar que me encontrara con otra imagen legendaria. “El beso” de Robert Doisneau, que hace poco ha estado de actualidad ya que su dueña decidió subastar su copia, la cual ascendió a la cifra de 155.000 euros. Casualidades de la vida que dicha foto fuera realizada en 1950 en una calle de París. “El beso”. Símbolo del gesto más espontáneo. De lo mejor que posee la humanidad.

Camaradas … No sé si hablar en estos momentos, en el siglo XXI, de una revolución social y cultural es algo así como un pasatiempo, un hobby romántico, con el que los soñadores se entretienen mientras van camino a la oficina a las 8 de la mañana. No sé si hablar ahora mismo de libertad, de belleza, de rebelión, de verdad, de amor… es el primer síntoma para que te tomen por loco. No sé si nosotros, en ésta Era del Protocolo, del Conformismo, en esta sociedad del bienestar, que la misma palabra lo dice, te invita a no levantarte, a quedarte calladito no vaya a ser que el bienestar se vaya a la mierda... no sé si nosotros podremos decir orgullosos algún día que formamos parte de una Gran Revolución, que hizo que un mundo que iba a la deriva, por fin siguiese un rumbo con bellos ideales soplando en las velas. No sé si esta nueva era debería empezar en París…
El azar nunca miente.
Y se dice que la historia tiende a repetirse.
Estamos en mayo.
Buen momento para dejar de rendirse.

B.S.O. Moulin Rouge - Children of the Revolution