Cafetería. Interior / día. 09:00. 18/03/03
Bloom llega a la mesa donde está sentada Andrea. Se sienta y coloca un reloj cronómetro encima de la mesa. El contador marca cero. Aprieta un botón y los segundos empiezan a avanzar.
BLOOM
¿Nunca te ha pasado que no te das cuenta de algo
hasta que se lo dices a alguien?
ANDREA
Sí… Y cuando eso pasa, es como si se dividiera mi interior.
Por un lado siento alegría, por conocer algo nuevo de mi, algo que nunca creí que pudiera pensar. Esa ilusión que sólo puede tener un niño que por fin aprende las tablas de multiplicar y se siente orgulloso por el orgullo de sus padres. Pero por otro lado, me asusto. Pienso en lo poco que nos conocemos a nosotros mismos, en lo que tenemos escondido y que perderemos irremediablemente sólo por no hablar más con el resto de la gente.
BLOOM
O con uno mismo.
ANDREA
Sí, pero eso se llama masturbación ideológica.
Y en este país es delito.
BLOOM
Cadena perpetua.
ANDREA
Una completa locura.
BLOOM
Seré siempre un fugitivo de mis palabras.
ANDREA
Peor sería serlo de tus sentimientos.
BLOOM
Seguro que Harrison Ford no opina lo mismo.
ANDREA
Es Indiana Jones. ¿Quién puede contradecir a Indiana Jones?
BLOOM
Así que lo del látigo te pone.
ANDREA
Tardabas demasiado en desparramar tu humor masculino sobre la mesa.
BLOOM
Lo siento, ahora vuelvo a meterme en el personaje.
ANDREA
¿Cuál? ¿El del inexperto seductor que se ha leído tres libros antes de salir de casa para parecer intelectual y así impresionar a la inocente muchacha solitaria del bar?
BLOOM
¡No! Eso es totalmente erróneo.
ANDREA
Perdón. ¿He dicho tres libros? Quise decir un capitulo de los Simpson y el prospecto de una pomada antihemorroidal.
BLOOM
Nadie me podía haber descrito mejor.
El cronómetro marca 57 segundos. Una alarma suena. Bloom se levanta, lo recoge y se dispone a marcharse.
BLOOM
Adiós.
ANDREA
Hasta mañana.